jueves, 26 de enero de 2012

El cancer que Mata a las Mujeres

Los oncólogos han activado la voz de alarma. Cada año más de 3.000 españolas padecen cáncer de ovario y alrededor de 1.900 enfermas mueren. En EE.UU, 21.500 mujeres fueron diagnosticadas en 2009, y más de la mitad, 14.000 americanas, fallecieron. Estos tumores nada tienen que ver con los ‘otros’ cánceres ginecológicos. Mientras que más del 80% de las mujeres con patologías malignas de mama y cuello uterino se salva, sólo el 25% de las pacientes de cáncer de ovario vive más de cinco años.
Muchos ginecólogos todavía no realizan ecografías abdominales en las consultasEn el siglo XXI el cáncer de ovario mata a las mujeres. Y lo hace por varias razones. Porque es un cáncer silente, porque sus síntomas son tan inespecíficos como el dolor abdominal o las molestias gastrointestinales, porque más de la mitad de las señoras sigue sin hacerse revisiones ginecológicas una vez al año y porque muchos ginecólogos todavía no realizan ecografías abdominales en las consultas. Es decir, porque el 80% de los casos de cáncer de ovario registrados se detecta cuando ya tiene un mal pronóstico.
Hasta el 90% de los tumores en estadio I y II puede curarse con las terapias actuales; sin embargo, y a pesar de los importantes avances en el tratamiento con quimioterapia y fármacos dirigidos contra dianas celulares, cuando el tumor es muy agresivo y está muy avanzado la supervivencia a cinco años sigue siendo muy pobre, en torno al 25%.
Todo esto y más -que en España apenas hay programas de diagnóstico precoz de esta patología- ha quedado al descubierto en la investigación (15 hospitales y 11 comunidades autónomas) que han dirigido el doctor Hernán Cortés-Funes, jefe del Servicio de Oncología del Doce de Octubre, y su colaboradora, la doctora Cristina Grávalos, con el respaldo financiero de la Fundación Mutua Madrileña. El objetivo del proyecto, que incluye la edición de dos guías informativas para pacientes y médicos de atención primaria, no es otro que identificar posibles líneas de actuación para mejorar la prevención y aumentar las posibilidades de supervivencia de las enfermas.
Cortés-Funes fue tajante durante la presentación del estudio: “Las mujeres deben exigir a sus médicos que el screening ginecológico incluya una ecografía transvaginal” y se mostró absolutamente convencido de que el diagnóstico precoz (estadio I y II) podría aumentar la supervivencia de las pacientes con cáncer de ovario por encima del 20%.
Sin embargo, esta opinión no es generalizada en el conjunto de la comunidad científica, de ahí la reticencia de las autoridades sanitarias a asumir el coste de los programas de cribado. Varios estudios internacionales concluyen que su valor predictivo es relativamente bajo.
El cáncer de ovario no da síntomas en sus etapas inicialesEl cáncer de ovario, que suele afectar a mujeres posmenopáusicas, no da síntomas en sus etapas iniciales y el dolor intenso sólo aparece cuando el tumor se ha extendido a otros órganos. Las pruebas más utilizadas para la detección precoz son la determinación de los niveles séricos del marcador tumoral CA125 y la ecografía transvaginal. Otros biomarcadores están en investigación, pero su eficacia todavía no se ha evaluado en estudios prospectivos controlados. El test Pap puede detectar de forma ocasional células malignas ováricas, pero su sensibilidad es muy baja. Otro método de detección, el examen citológico del lavado peritoneal obtenido por culdocentesis es técnicamente difícil, molesto para la mujer, tiene baja sensibilidad para detectar estadios iniciales y no ha sido evaluado para el screening.
El problema es que el cáncer ovárico con baja carga tumoral suele cursar habitualmente con niveles normales de CA 125; además, éste se asocia con células inflamatorias de pleura, pericardio y peritoneo y, por lo tanto, se eleva con frecuencia en enfermedades no cancerígenas como la peritonitis, la enfermedad pélvica inflamatoria, la endometriosis y la cirrosis hepática. El CA125 a veces también fluctúa durante el ciclo menstrual y aumenta durante el embarazo, lo que hace que no sea un marcador fiable en mujeres premenopáusicas.
En cuanto a la ecografía, la aparición de imágenes tridimensionales y en color, con capacidad para analizar la vascularización de los tumores malignos, abre nuevas perspectivas para el diagnóstico. Los científicos consideran que el descubrimiento de biomarcadores basados en la proteómica y la ecografía con contraste puede ser una combinación prometedora en esta área de la salud.
Por todas estas razones, el screening sigue desaconsejándose en mujeres con riesgo bajo de padecer la enfermedad, pues con relativa frecuencia se obtienen falsos positivos (sólo 1 de cada 20 intervenciones quirúrgicas son necesarias), y, sin embargo, el 77% de los ginecólogos españoles lo recomienda en mujeres con riesgo muy alto de contraer la patología, como tener antecedentes familiares de cáncer de ovario, mama, colon o síndrome de Lynch y mutación de los genes BRCA1 o BRCA2. A muchas de estas pacientes se les aconseja la extirpación quirúrgica de ambos ovarios alrededor de los 40 años.
A pesar de la controversia científica mencionada, más de la mitad de los ginecólogos y oncólogos españoles apuestan por la prevención. En este sentido, la doctora Cristina Grávalos, del Hospital Doce de Octubre, tras reconocer que las autoridades sanitarias están poco sensibilizadas sobre la importancia de este tipo de cáncer, reclama al ministerio de Sanidad y a los gobiernos regionales que apoyen la investigación de nuevas estrategias de cribado, la extensión de las ecografías en 3D, mayor accesibilidad de las mujeres al sistema sanitario y la creación de unidades específicas para mujeres con alto riesgo en centros de referencia, entre otras cosas.

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